El abuelo meditante. Capítulo 1. (Parte 2)

…-Pues yo no te puedo perdonar si tu no sabes perdonarte.

Silencio.

-A mí nadie me enseñó a perdonarme de niño, y he tenido que aprender de viejo.
-¡Agüelo no digas viejo!
-¡Anda! Por qué no.
-Se dice “persona mayor”
-¡Ya estamos con lo políticamente correcto! Mira hijo, soy viejo y eso no hay quien lo cambie, la verdad es la verdad, y la podemos disfrazar de lo que queramos que será la verdad disfrazada, y entonces no sabremos ni quienes somos, y si no sabemos quienes somos, mal vamos.
-Agüelo no sé qué dices, ¿eso es que me perdonas?

-Eso es que te enseño a perdonarte.
-¿Y si yo me perdono tú me perdonas?
-Entonces no hará falta que te perdone.
-¡Bien! -Exclamó el niño pegando brincos de nuevo.- ¡Bien, bien, el agüelo me va a enseñar, y me va a perdonar mamá, y papá, y la seño, hurra, hurra! -Continuó el niño saltando alrededor de su abuelo como una cabra loca, mientras este pensaba que tenía un gran desafío y apenas unos meses para conseguirlo.-

Esa noche Lourdes habló con la madre del niño:

-¿Qué tal se está portando Carlitos mamá?
-Bueno, ayer tu padre le contó un cuento y ahí les vi , tu hijo saltaba alrededor como un loco.
-Espero que papá no se ponga muy nervioso.
-Desde que empezó eso de la meditación está cambiando mucho, se le vé más tranquilo.
-Pero… dónde lo hace.
-¡No sé! Él se pone con el ordenador por las noches y ahí se tira un montón de tiempo. Todas las mañanas se levanta bien prontito y ha dejado un sitio en el sótano que lo tiene como la patena.
-¿Lo limpia él? -Preguntó Elvira asombrada.-
-Si hija, si. Y no solo eso, si no que le pone barritas de sándalo.
-¿Sándalo?
-¡Si!, Incienso de ese, a mí me huele un poco raro, pero bueno, a él le gusta y le relaja.
-¡Vaya!, lo que está cambiando papá.
-¡Ni te imaginas!
-¿Y cuánto tiempo tiene que hacer ese curso?
-Pues por lo visto ya ha terminado, ha estado unos días en un centro de silencio. (1)
-¿Y qué hace?
-Pues yo he mirado sin que me vea. Y siempre hace una misma rutina. Tiene una mesita especial, donde puso un cacharrito con agua, su bonsai, un incensario, una velita y una campana. Se descalza antes de entrar se pone las manos en el corazón y se inclina, como cuando entras a un lugar sagrado.
-Claro mamá para él lo será.
-¡Pues lo será…!
-¿Y ya está?
-No, que va… Luego se sienta en una banquetita baja (2) que se ha comprado, junta las manos como si fuera a rezar, se inclina de nuevo, coloca las manos de una forma especial, a veces junta los dedos gordo e índice, otras como si sujetara una bola con los dedos juntos, y entonces se calla, con la espalda bien derecha, ¡yo creo que se le está enderezando hasta la columna!

-¿Y está así mucho tiempo?
-Si, bueno, se pone un relojito y está como una hora cada vez que se sienta.
-¿Una hora callado sin moverse? ¿Papá?
-Bueno, al principio empezó veinte minutos, luego cada vez ha estado más tiempo. ¡Y además sonríe!
-¿Sonríe? Con lo serio que es papá.
-Cada vez que se sienta sonríe, luego parece que se le quita un poco la sonrisa, pero yo ya me voy, al principio es que tenía curiosidad, pero le dejo tranquilo, que le va muy bien eso de meditar.
-¡Vaya!, es que el otro día tenía tanta prisa que no pudimos hablar.
-Bueno hija, no te preocupes, lo que hace falta es que se os arregle eso.
-Siempre te cuento yo mis cosas, y casi nunca te escucho, lo siento mami.
-No te apures hija, ya saldrás de esta.
-Eso espero mamá.
-Claro.
-Bueno, muchos besos a todos.
-Adiós hija, cuídate.

(Sigue en la próxima entrada)

(1) Retiro en centro de meditación
(2) Banqueta para facilitar la meditación.

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